Un estudio de Pilar Jericó sobre los miedos en el trabajo identificó cómo se distribuyen estas emociones entre hombres y mujeres. Según sus conclusiones, las mujeres temen fundamentalmente no ser lo suficientemente competentes o no estar a la altura de lo esperado, mientras que los hombres concentran su preocupación en la posibilidad de dejar colgado al equipo.
La investigación de Jericó mapeó seis grandes temores que caracterizan el escenario laboral. De especial importancia resultan dos de ellos, cuyo peso se incrementa progresivamente: el miedo a la pérdida de control y la experiencia de ausencia de propósito.
La pérdida de control emerge como preocupación en alza probablemente vinculada a un contexto de transformaciones organizacionales constantes y ciclos de turbulencia económica. Los trabajadores enfrentan entornos más complejos y menos predecibles, lo que genera esta sensación de descontrol. Paralelamente, la falta de propósito refleja una demanda colectiva por mayor significado: el trabajo trasciende ya la mera remuneración y se vuelve espacio donde las personas buscan realizarse y encontrar sentido.
La investigación de Jericó ofrece insumos valiosos para el liderazgo organizacional. Líderes conscientes de estos temores pueden ajustar sus enfoques comunicacionales y sus políticas para crear ambientes menos propensos a la ansiedad.
Estos hallazgos subrayan que los miedos laborales no son neutrales ni uniformes. La manera en que cada género experimenta la ansiedad profesional está condicionada por estructuras sociales profundas. Reconocer esta diversidad de experiencias es indispensable para avanzar hacia espacios de trabajo verdaderamente inclusivos que consideren la complejidad de quiénes los habitan.
Imagen: Ricardo Olvera / Pexels – Con informacion de Clarín






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