En un escenario electoral marcado por la polarización, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica quedaron relegadas a un rol marginal dentro del nuevo Congreso. Los resultados confirmaron la pérdida de peso de los espacios que integraron la antigua coalición opositora, reduciendo su representación legislativa a niveles históricos.
La UCR, afectada por divisiones internas y estrategias provinciales contradictorias, solo logró sostener algunos enclaves territoriales mediante acuerdos con otros espacios. Mendoza, Chaco y Entre Ríos fueron las excepciones dentro de un mapa que mostró un retroceso generalizado. En la capital del país, Martín Lousteau encabezó la lista Ciudadanos Unidos y consiguió una banca con el 6% de los votos, pero sin referencia explícita al radicalismo en su campaña.
Por su parte, Provincias Unidas, el frente que reúne a mandatarios radicales de distintas provincias, tuvo un desempeño inferior al esperado. Solo Corrientes, gobernada por Gustavo Valdés, logró mantener influencia política, mientras que Jujuy y Santa Fe registraron caídas significativas. El resultado evidenció las dificultades del radicalismo para consolidar una estrategia nacional competitiva.
La Coalición Cívica, que presentó listas propias bajo el sello Hagamos Futuro, también sufrió un duro revés. En la Ciudad de Buenos Aires apenas alcanzó el 1,83% de los votos, y en la provincia de Buenos Aires no superó el umbral mínimo. Elisa Carrió reconoció la derrota con un mensaje en redes sociales donde reivindicó los valores republicanos del espacio y agradeció el esfuerzo de sus militantes.






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